Son esas caras conocidas,
venidas de otros tiempos,
con miradas fijas, sin vida,
que fantasmales le rodean.
Son ellas, testigos muertos,
de su infinita soledad.
La cafetería está desierta.
Sopla suave su café (largo).
Lo bebe, sorbo a sorbo.
Lo remueve entre dos, así,
para eternizar la espera.
Es tiempo que ya se agota.
Ahora, esas caras lívidas,
de rictus malicioso sonríen,
parecen recobrar la vida.
Se burlan de su pena, de El.
Porque ellas, sin esqueleto,
ni sangre, y menos corazón,
han visto la misma historia,
el mismo film, una y otra vez
y saben muy bien de sobra,
que hoy Ella, no aparecerás.
§ Carmen.M.G ✿
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