martes, 8 de enero de 2013

DIFUNTA MADRE
















Por un instante, quise retroceder en el tiempo...
Lo intente de corazón, y nada conseguí.
Decirte todo aquello que no pude en su momento:
lo mucho que te quiero y necesito,
que sin ti, Madre, no estoy listo.
Pero tú, todo eso lo sabías muy bien.
Cuantas veces te regale ramos de rosas rojas,
señal de mi gran amor por ti, sin pensar,
que en ellos, también sus espinas.
Tu siempre bien agradecida, sin ningún reproche.

Te vi bella, dormida, tranquila y en paz,
yaciente en la cama. Yo a tus pies impotente,
esperando lo que nadie quiere,
testigo de una verdad inminente e inevitable,
la de tu último aliento como despedida,
cálido, sencillo y discreto tal como eras tú.
Bese tus blancas manos suaves, aún calientes,
con las que tu tantas veces me acariciaste.
No quise creer que tu corazón ya no latía,
desee y espere oír su bombeo, un milagro.

Ahora siento en el aire tu Amor envolverme.
Me lleno de él en cada inspiración profunda,
reteniendo lo al máximo en mis entrañas,
alimentando mi pobre alma desconsolada.
Se bien que, aun que no te vea me acompañas,
velas por mi y nunca jamás me abandonaras.
Veo tus ojos claros llenos de bondad y fe,
sonreírme en la oscuridad que me encuentro,
dándome la luz para un mañana renovado.
Seguiré tus huellas, que marcaste en el camino,
y de allá donde estés, te sientas orgullosa.

Carmen.M.G